Nuevo artículo donde te hablo de por qué pienso que el teléfono es un ladrón de tu tiempo y un destructor de tu productividad. ¿Piensas lo mismo? ;)
¡Odio el teléfono! Lo reconozco, siempre lo he odiado. Y entiéndeme. No es que odio el teléfono en sí. Odio hablar por teléfono. Nunca me ha gustado; cuando estuve en Inglaterra trabajando como enfermero me daba pavor que alguien me llamara al teléfono fijo de la sala donde estaba trabajando.
Bueno, quizás es normal tener pavor cuando no entiendes ni la mitad de lo que te estan diciendo y de ti depende la salud de tus pacientes :D
Pero fobias mias aparte, el teléfono es un ladrón de tiempo. Un destructor de la productividad.
De repente estas muy concentrado en una tarea: creando un post brutal, escribiendo una receta para tu nuevo blog, preparando un vídeo… y suena el teléfono. Y encima suena fuerte, no para de decirte: ¡Cógeme, cógeme! Y hasta que no descuelgas no para. ¿Qué pasa si en ese momento no puedes cogerlo?
Además, en muchas ocasiones, cuando hablamos por teléfono nos enrollamos más de la cuenta. Algo que puedes contar en un par de líneas de mail, lo cuentas en 1 hora de conversación. Volvemos a lo anterior: destructor de la productividad.
Como decía al principio, esto del odio al teléfono me viene de lejos. Si puedo escribirte un email o mandarte un mensaje, ¿porque voy a llamarte y molestarte?
Los teléfonos móviles han evolucionado a mucho más que una simple herramienta para llamar. De echo, yo casi siempre tengo el modo «no molestar» activado. De esta manera, ni me llegan notificaciones (otras destructoras de tu productividad) ni las llamadas.
Lo bueno del modo «no molestar» es que tiene un filtro incorporado para los contactos que tu eliges y cuando te llaman más de dos veces en menos de 5 minutos. Entonces, se salta el modo no molestar y suena el teléfono. Casi siempre es mi madre la que llama, y casi nunca es urgente :D
Por supuesto, no estoy diciendo que nunca use el teléfono ni que no lo puedas utilizar. En ocasiones es necesario.
Pero si es posible, que esa llamada este agendada en tu calendario: a tal hora quedamos y hablamos por teléfono o nos conectamos por Skype. Y si tienes un guión sobre lo que quieres hablar, punto extra ;)
Igual estas leyendo estas líneas y te parece que estoy un poco loco. Es posible. Pero no soy el único.
Una de las cosas que más me sorprendió (gratamente) es que Joan Boluda, un gran experto en marketing, también odia el teléfono. Y encima, el es más radical: cuando le llaman al móvil, la llamada se deriva al fijo. Y cuando la llamada llega al fijo, se deriva al móvil. Un blucle infinito capaz de romper el espacio-tiempo :D
Y es que encima, Joan y Alex han montado una religión para los que odiamos el teléfono: PhoneLess Religion. Simplemente maravilloso ;)
Y tu, ¿también piensas que el teléfono es un destructor de tu productividad? ¿O no eres tan radical como yo? Y por supuesto, si te ha gustado, no dudes en compartir este post en las redes sociales.
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